Una moneda de dos pesos oficiaría de juez: la cara valdría cero, la ceca uno. Quién sacará puntaje más alto, iría a Brasil con Henry.
Tira Pine... cara. Tira Charles... cara. Tira Jero... Guaaaaaaaa!!!!!!!
La mochila tenía vestigios indelebles de tierra roja. Había tenido su bautismo dos años antes, en un viaje a Misiones.
Empaqué lo que creí necesario, incluyendo ropa de abrigo y de desabrigo, y me conecté un poco a internet para contarles a mi flia y amigos que me iba. Me costó dormir por la ansiedad y el miedo de no despertarme a tiempo. Eran las 3 de la matina, y unas horas antes no tenía ni idea de todo esto. A las 8:15 de la mañana siguiente me encontraría con Pedro (el otro tripulante, brasileiro y macanudo) en la puerta del club, para de ahí salir en taxi hacia la terminal de Tres Cruces, donde nos encontraríamos con Henry.
A las 7:20, los celulares de los tres hicieron su gracia, y 7:30 me levanté y preparé mate. El tiempo no dio para tortas fritas, y 8:04 estaba del otro lado. Pedro - taxi - Tres Cruces, y no sé ni en qué pensé en el trayecto.
En la terminal nos encontramos con Henry, que me sacó en el momento el pasaje: asiento 33.
En la espera me comí un alfajor Cocolate (que me lo cobraron carísimo, obvio) y me fije en un par de mujeres más bonitas que las otras. Me sorprendió lo callados que resultaron mis compañeros. Pedro, con sus 25 años idénticos a los míos, me contó que ésta sería su segunda navegación, pero que había construído un velerito de unos 14 (o eran 17?) pies. Ciudad de origen: São Paulo (se escribe así?).
Abordamos el micro, y fue un alivio que tuviera baño, pese a que ya había ido en la terminal.
Arrancó el viaje, y dediqué una parte a dormir y a leer otro tanto. La primera vez no me había enganchado tanto, pero esta vez estaba leyendo muy placidamente "El general en su laberinto" de G.G.M.
Me desperté, y el paisaje había cambiado bastante: mar a la deracha, con pinos, y playas, cerros a la izquierda allá a mitad de camino hacia el horizonte.
Nos fuimos acercando a lo que supuse que era la parte menos despoblada de Piriápolis (me niego a usar la palabra centro para describir unas casas un poco más juntas que otras) y llegamos a la terminal. Un cuarto de cigarrillo después estabamos subidos a un remís, y $78 pesos más tarde llegábamos al puerto.
El puerto de Piriápolis... el puerto de Piriápolis! Acodado junto a un cerro, en el que unas mini-aero-sillas, unas construccioncitas bastante pintorescas y el verde se disputaban la atención, sumado a esto unas rutas invisibles desde la sub-perspectiva, que sin embargo dejaban ver camioncitos que parecían nadar entre matorrales, el purto se mostró desde el primer momento como una parada de marinos nómades transoceánicos.
En Piriápolis es frecuente que los veleros pasen a maquillarse el fondo, y en el varadero, paso obligado rumbo a las marinas, barcos oceánicos y de aspectos muuuy disímiles desndaban sus cascos y quillotes.
Henry intercambió unas palabras con una pareja de franceses que se presentaron como Christine y... su marido. Los tres hablaron cada uno en su idioma (y recién ahí noté cómo Henry hablaba todo el tiempo de "tu"), y parecían entenderse bastante bien, en lo que parecía una amistad reciente y cortés de puerto.
Abandonamos el varadero (mis ojos, detenidos en la gigantesca panza de ballena de hierro de un velero montado en palos, iban alcanzando con un poco de retraso a mis pies) e ingresamos en la marina donde un Bavaria 50 nos esperaba de proa al cemento. Nombre: Vitòria (sic, es en portugués) Bandera: inglesa.
La cubierta, de fibra de vidrio pero con grandes extensiones de madera de teca, se mostraba amplia, despejada y espaciosa. El cockpit tenía una mesa, dos timones de rueda, dos compases, estructura de inox. en popa, molinetes eléctricos, pompa y boato. Todo en un estilo a la vez ostentoso, elegante y discreto.
El interior, con sus dos camarotes de popa y sus respectivos baños, su mesa de navegación, su mesa extensible custodiada por sillones, su cocina, su televisor plano y moderno, sus terminaciones en madera aquí y allá, junto a su camarote de proa con baño en suite, y uno más chiquito que coronaba el corolario de ambientes, hacían pensar en una encarnación flotante de un coqueto departamento en Barrio Norte.
Habiéndo llevado mis cosas a mi camarote (el pequeño, obvio) Pedro y yo nos pusimos a hacer un racconto de los víveres, y el listado de los elementos faltantes para una semana de navegación.
-Latas varias (salchichas, arvejas, salsa, crema de leche)
-Sopas instantáneas
-Fideos
-Carne en putrefacción
-Huevos en dudoso estado.
En eso vino de visita Romano (o Manfredi... o fígaro... no sé, era italiano... Giacomo, ponele) y se puso a hablar con Henry mientras Pedro usaba su notebook (la de Pedro, no la de Giacomo) y yo escribía esto en mi cuadernito Gloria, antes de ir a recorrer un poco el puerto y recibir una llamada de mi amigo Joako para desearme buen viaje.
Continuará...
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Veníamos de un par de días difíciles... Había empezado el miércoles (11 de Noviembre) con la noticia de que el club no apoyaría la actividad propuesta (paseos gratuitos para el público en general, con charla didáctica y promoción de la náutica), y por ende no nos darían amarra de cortesía.
El plan B, en caso de que las circunstancias se dieran como efectivamente lo hicieron, era solicitar que nos permitieran amarrar en una zona que está fuera del sector de amarras, donde, según nos había dicho el "Pistola", ex capitán del club, podríamos estar sin pagar/sin problemas. La contrariedad de dicho espacio recaía en la poca profundidad del mismo.
Nueva reunión con Álvaro del club, nos mandan a hablar con Chupete Varela, intendente de puerto. También hablamos de la deuda que teníamos con el club (uy!) y qué se yo qué más.
Cuestión: vamos a hablar con Chupete, previo paso por nuestra posible nueva locación (Pine y yo nos entretuvimos un rato intentando acertar con tiros de piedritas, sin ningún tipo de éxito, a un simil miga de pan que había flotando en el agua).
Pepito nos mandó derechito a Hidrografía, a hablar con Magera Berro, porque bla bla bla jurisdicción, y viste como es esto.
Magera Berro, muy amablemente, nos recibió con un NO en la mano, muy lindo y cordial, lo que significó un golpe anímico considerable.
En el club nos encontramos con Pistola, que habló con Varela y consiguió que nos den un espacio destinado a los barcos embargados. Asunto a resolver: conseguir bote para embarco y desembarco (le alquilamos uno a Alejo, uno de los marineros del club).
Fuimos a lo de María, nuestra filósofa amiga, que nos dio una clase de introducción a la filosofía. Después, Pine se quedó y Charles y yo nos fuimos a tocar. Tuve un día flojo de toque, de inspiración y recaudación. Agobiado, pasé a comprar papel higiénico y aceite (y pese a todo sentí que las miradas femeninas me aprobaban, y me consoló apenas el ánimo) y volví al Urki.
Mate y tortas fritas con Pine, y al rato estabamos cruzando en lancha de vuelta a tierra, riéndonos compinches quién sabe de qué (ah, sí, creo que del dueto de matófono y boquilla de trompeta que habíamos hecho en el Urki) rumbo al Club de Tobi: Reunión de navegantes del club, donde se toma y come de lo lindo en medio de lo que podría llamarse un jolgorio, de ambiente rudo y humor de corte piratesco (pero los detalles de esta gente van en otra entrada, porque se lo merecen).
Llegamos, charlamos, comimos, feliz cumple a uno de los muchachos, y Charles, que había llegado un rato antes, nos cuenta que Henry (alias "la abuela Aída", un viejo lobo de mar) iba a llevar un Bavaria 50 desde Piriápolis a Angra, y había ofrecido llevar a uno de nosotros...
El plan B, en caso de que las circunstancias se dieran como efectivamente lo hicieron, era solicitar que nos permitieran amarrar en una zona que está fuera del sector de amarras, donde, según nos había dicho el "Pistola", ex capitán del club, podríamos estar sin pagar/sin problemas. La contrariedad de dicho espacio recaía en la poca profundidad del mismo.
Nueva reunión con Álvaro del club, nos mandan a hablar con Chupete Varela, intendente de puerto. También hablamos de la deuda que teníamos con el club (uy!) y qué se yo qué más.
Cuestión: vamos a hablar con Chupete, previo paso por nuestra posible nueva locación (Pine y yo nos entretuvimos un rato intentando acertar con tiros de piedritas, sin ningún tipo de éxito, a un simil miga de pan que había flotando en el agua).
Pepito nos mandó derechito a Hidrografía, a hablar con Magera Berro, porque bla bla bla jurisdicción, y viste como es esto.
Magera Berro, muy amablemente, nos recibió con un NO en la mano, muy lindo y cordial, lo que significó un golpe anímico considerable.
En el club nos encontramos con Pistola, que habló con Varela y consiguió que nos den un espacio destinado a los barcos embargados. Asunto a resolver: conseguir bote para embarco y desembarco (le alquilamos uno a Alejo, uno de los marineros del club).
Fuimos a lo de María, nuestra filósofa amiga, que nos dio una clase de introducción a la filosofía. Después, Pine se quedó y Charles y yo nos fuimos a tocar. Tuve un día flojo de toque, de inspiración y recaudación. Agobiado, pasé a comprar papel higiénico y aceite (y pese a todo sentí que las miradas femeninas me aprobaban, y me consoló apenas el ánimo) y volví al Urki.
Mate y tortas fritas con Pine, y al rato estabamos cruzando en lancha de vuelta a tierra, riéndonos compinches quién sabe de qué (ah, sí, creo que del dueto de matófono y boquilla de trompeta que habíamos hecho en el Urki) rumbo al Club de Tobi: Reunión de navegantes del club, donde se toma y come de lo lindo en medio de lo que podría llamarse un jolgorio, de ambiente rudo y humor de corte piratesco (pero los detalles de esta gente van en otra entrada, porque se lo merecen).
Llegamos, charlamos, comimos, feliz cumple a uno de los muchachos, y Charles, que había llegado un rato antes, nos cuenta que Henry (alias "la abuela Aída", un viejo lobo de mar) iba a llevar un Bavaria 50 desde Piriápolis a Angra, y había ofrecido llevar a uno de nosotros...
Bueno, aqui pueden ver a la tana Claudia y a su casa vehiculo rodante: "El Tenaz". Ahora estamos en Valizas, haciendo chi-clin (sonido de caja registradora) vendiendo panes rellenos. Si, panes. Pronto sabrán de nuestras aventuras en Atlántida y en La Paloma, sabrán de edificios con forma de barco, músicos, caretaje y tortafritas enchumbadas. Todo esto y muuuucho más, cuando tengamos tiempo para escribir, que te pensás, que esto es algo facíl? Nono, te equivocastes.
Nos proponìamos tocar a duo. El violìn de Javier y mi trompeta comenzaban a dialogar en 18 de Julio y Cuareim, cuando tres simpatìcas personas se acercaron a hacernos una propuesta: tocar unos temas para una amiga que cumplìa años, a una cuadra de allì. Como era sorpresa, la harìan salir al balcòn (como 5 pisos sobre nuestras cabezas) y nosotros tocarìamos desde la vereda de enfrente. Siempre dispuestos a brindarle un servicio a la comunidad, a las cosas extravagantes y a hacer el ridìculo en pùblico, aceptamos gustosos. Asi fue como tocamos a duo varios temas, entre los que no podìa faltar el "Feliz Cumpleaños". La gente lleno el balcòn y nos aplaudieron y ovacionaron con mucha energìa, casi como que me sentì un mùsico en serio. Despuès se me fue, claro. Como no podìa faltar, un loco bueno de esos que andan por ahi, se puso a saltar al lado nuestro mientras tocàbamos, gritando "Eee! Tocà esa que dice POM POM POM, POM,POOOOMM!" . Por suerte, Maggie pasò justo por ahi, e inmortalizò ese momento. Gracias a la cumpleañera, a sus muy buenos amigos, al loquito, y a Maggie por la foto.
Atardecer en la rambla. Contemplando con Javier el rio. Jero y Claudia viajando en motorhome hacia aqui, todavìa a 300 km de Montevideo. Los esperàbamos con ansias!. Habìa mucho que hablar, planificar y hacer! Pero ya no llegaban para esa noche, asi que decidimos dar unas vueltas. Comenzò a levantarse viento, fuimos caminando hasta el centro. A las 11 me encontraba con un mùsico que habìa conocido en el callejòn, pero faltaban muchas horas todavìa. Decidimos ir a la facultad de Bellas Artes, a mirar unos capìtulos del programa de Filosofìa de Feinman (Filosofìa Aqui & Ahora). Elegimos unos lindos sillones en el primer piso, y meta Descartes, Sartre, la modernidad y sujetos sujetados en nuestra laptop. Dos frases destaco, entre otras: "La realidad existe, te muele a palos, y es fascista" (Feinman). Y: "Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de èl" (J.P. Sartre). La baterìa se agotò, y llegamos al callejòn justo a las 11. Allì nos encontramos con Ramiro, baterista de... estem..., una banda...que se llama...bueno, lo digo y ya fue: Los Garcha Monjas. Listo, ya lo dije (de aquì en adelante "LA BANDA"). Me habìa prometido traer un Bombardino (instrumento de viento metal, con pistones, con un registro entre una Trompeta y una Tuba). Y asi lo hizo! Hicimos algo de ruido en el callejòn, pero como habìa una cuerda de tambores ensayando, decidimos irnos a alguna otra parte. Mensajito oportuno de Maggie llegò vibrando: "Los Terapeutas tocan en la facultad de Arquitectura!". Asi que, trompeta y bombardino en mano, marchamos tocando hacia allì. Se nos uniò Noe, vecina de Ramiro, que andaba justo por ahi. La sensaciòn de estar tocando en movimiento por la calle es hermosa. Ir propagando el sonido, llevar la mùsica por la ciudad silenciosa. Ya lo habia hecho una vez, 18 de julio, plena tarde, caminando con un trombonista, tocando a duo, habrièndonos paso, entre la gente, gritos de aliento, insultos e improperios varios. Pero ahora no habia casi nadie, y las cellecitas nos recibian casi desiertas, nos gritaron de algùn que otro balcòn, con buena onda, y cantitos de cancha. Llegamos a la facultad. Nos quedamos en la pùerta, el recital ya casi terminaba. Llegaron Maggie y unas amigas, Anita, Maga, Nadia y Magda. Todos nos pusimos a jugar con los instrumentos en la calle. Mientras, una gurisa sentada sobre lo alto de las escaleras de la facultad observaba atentamente, y su mano seguìa lìneas invisibles sobre un papel. Màs tarde nos enteramos que se llama Maco, y dibuja como los dioses (les dejamos su blog, pasen y vean! Mucha calidad y creatividad). Ese instante de juego musical quedò inmortalizado en su cuaderno, e ilustra esta entrada . Seguimos charlando, tomando algo, y jugando, prestando los instrumentos a todo aquel que quisiera intentar. Cada vez hacìa màs frio. Maggie nos invitò a quedarnos en su casita, asi que nos despedimos de Ramiro y de Noe, quedamos en tocar con "LA BANDA" en Rocha en el veranito y fuimos caminando a la parada. Un dia muy musical, aunque nos perdimos el recital. Pero bueno, estuvo lindo, què se yo. Pronto el Proyecto arranca otra etapa. Tres navegantes, un barco, una italiana amiga, un motorhome, muchas ganas de viajar, conocer, experimentar, muchos instrumentos y un gato. Mantènganse sintonizados!
Una hermosa, casi diáfana tarde nos encontró caminando con paso tranquilo hacia la rambla. El clima era extraño; La ciudad estaba teñida con una intensa claridad, una atmósfera cálida invitaba al festejo. Banderas y cantos de aliento nos escoltaron hacia el mar gris azulado, manso, bajo un cielo que se debatía entre blancos pompones de algodón, y sollozantes ovejas negras. Cientos de personas, jóvenes, ancianos, niños, bebés, se daban reunión en las cercanías del hotel NH Columbia. A medida que nos acercábamos al centro, el bullicio, cantos, alegría y expectativas fueron aumentando. Sumados a los frenteamplistas, vendedores de banderas, de tortafritas, maniceros y gente que pintaba los colores del FA a voluntad completaban la festiva escena. Entre el tumulto, el Coso se asomó, María y Juanita aparecieron ante nuestros ojos, colocando delicadamente trocitos de salamín y queso en palitos brochette. Luego de saludos, algo de charla, y algún que otro pisotón de Juanita, María me invitó a subirme al techo del Coso para apreciar la vista, Fue impresionante. Grupos y más grupos de personas llegaban de todos lados, la rambla era una serpentéante bandera roja, azul y blanca. Luego de bailar con un palito en la mano, vociferando “Picada al paso!”, me bajé del techo y ayudé a Maria a acomodar el puesto. La gente seguía llegando, la hora se acercaba. Una leve llovizna comenzó a caer sobre nosotros. La pulpera filósofa nos encargó unas compras, y fuimos caminando hacia el centro abriéndonos paso entre la alegría. La lluvia se hizo más intensa, pero no impedía que nos cruzásemos cada vez con más gente que iba rumbo al hotel. De regreso, ya la lluvia era intensa y dulce, traía consigo la euforia de millones de personas: Pepe Mujica era el nuevo presidente del Uruguay. Las calles eran una fiesta. Nos costó llegar a la rambla, entre cientos de voces cantando, baile, bocinazos, miles de personas festejando el triunfo. Una vez allí, se desató el aguacero. Un viento feroz comenzó a soplar, y cientos de papeles, vasos, gente, bolsas, sonrisas, y paraguas pasaron frente a nuestros ojos en los doscientos metros que nos separaban de María, Juanita, y el Coso. Las nubes contuvieron el llanto y nos regalaron una momentánea tregua. Movimos el Coso cerca de un puesto expendedor de cerveza (cerveza y picadas van de la mano) y esta vez Javier subió al techo agitando un palito a los cuatro vientos. Todavía había gente festejando, cuando las ovejas decidieron romper en llanto nuevamente. Nos refugiamos dentro de la panza metálica del Coso un buen rato. Luego con una leve llovizna salimos a bailar entre la gente. Mi bolsillo comenzó a vibrar festejando la llegada de unas palabras lejanas. Entre música y gritos una voz me informaba: “Fiesta en la Intendencia!”. Habiendo vendido casi todos los palitos, María nos llevó hasta allí. Por 18 caminaban en ambos sentidos alegres grupos agitando el aire con sus banderas y cantos. Llegué a la intendencia gritando “Vamos Pepe” asomado por la ventana del Coso (luego de algunos problemas de encendido que María solucionó con algunos golpecitos en el burro de arranque). Nos despedimos de nuestra amiga filósofa y nos mezclamos entre la gente. Allí encontramos a Maggie, Denise/Alexandra, María (otra María eh), Lucía, Rodrigo y Lucía (otra Lucía eh, no la puse dos veces). Muchos abrazos, baile, algo de vino, y agite de banderas. Después de un rato nos despedimos, fuimos cada uno por su lado. Caminé entre la gente hasta la rambla, y contemplé el oscuro mar, mientras una hermosa brisa y una leve llovizna me acariciaban el rostro. Cerré los ojos y dejé que la naturaleza me susurrara su verdad, que el mar me contara su historia con su murmullo, que el viento me hablara del mundo con su silbido, y que la lluvia me hablara del cristalino cielo con su rocío. Salí suavemente del trance y caminé hasta Tristán Narvaja, cansado, pero feliz, sabiendo que tuve la suerte de participar en un día histórico para este lindo paisito que me besa los pasos.
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